la mano suelta, y vuelvo a leer las dos líneas tristes que tratan de lucirse en la pantalla. nada. no gano con esto, me distraigo, me aburro, no entiendo ya por qué lo hago, me da sueño y empiezo a vagar.
miro la hora, quizás quiera dormir un poco, sin nada en las manos, sin nada en las ganas, sin saber usar las palabras y los versos poetizados, todo se vuelve un poco tonto (incluso yo, como si fuera una especie de intrusa novedad).
quedó un poco verde, un poco usado, sin sentido y medio vacío.
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