fueron roces con la realidad, los rasguños de los días que corrían y se detenían sobre mis ojos y mis labios.
la mano que lo domina todo, que te dijo que dijiste en el momento de hablar, y no había nada más que contar.
fue un dolor abdominal espiritual, casi carnal, sus miradas encarceladoras, un sentimiento previo al odio y sin rencor,
fue una pena en mis rodillas cuando dejaron de bailar, las caderas ya no podían más con el futuro sin contratiempos,
que te agarra de la cabeza y te remece como un muñeco, porque aquí viene, y hacia dónde va?
Dime que me tendrás en ti cuando llegues, que el camino se cegará, que casi será fácil, verdad?amanda elisa a.
domingo, 31 de agosto de 2008
la sombra que se ilumina
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