Por poder escribir así, tendría que descartarme en más de una pieza, tranquilizarme y poder escuchar claramente cómo las frases que vuelan en mi cabeza se relajan y posan en mis manos, dándome tantas posibilidades de expresarme y sentirlas.
Un minuto en este tiempo, y repartir mis momentos, darles el valor que requieren para poder pronunciarse.
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