Cada vez que camino sobre aquella calle, Av. Porvenir, se me recoge el corazón, y me es inevitable hablar con su voz el cuento más triste que jamás escuché. De lo poco que me acuerdo es del niño perdido y el color azul, ya que más que recordar las palabras que lo componían, era el sentimiento que me dejaba, el rastro de sus olores y sus luces, la tristeza que me invadió desde el primer párrafo, la sentía acurrucarse en el dolor mismo del alma, rajar de a poco mi corazón.
Y me acuerdo de su rostro, tan hermoso y perfecto, tan redondo entero plato dentro de mi amor, cada detalle que resaltaba de sus labios, su mirada encendida en tanta tristeza y su marca en mi. Y sabíamos que ésas calles y ésas historias nos iban a acompañar en tantos días más de andar.
amanda elisa