quizás podía estar en ambos, pero sentirme mucho más cómoda en el mío, y así fue como me acordé del Principito, y quise tener una rosa a quien cuidar.
este tipo de adaptabilidad me va, ni tan bien ni tan mal, y ya es como un deporte, de casa en casa me meto en sus mundos y trato de encajar como se pueda, pero una pata se quedó afuera o todo me está muy arriba, aunque de todas maneras me quieren hacer sentir bien, y eso siempre se agradece, ¿no crees?
las rosas secas, el gato echado en la cama, el frío de la pared, el mueble desordenado y la ropa en el suelo; así me siento hoy (tal vez incluso mañana).
amanda elisa
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