escucho que algo lame el agua chorreada en el suelo, y no me deja concentrarme en las líneas. crujen unas bolsas plásticas.
¿quieres que me haga amigo de tus amigos acaso?
no, que sencillamente nos entiendas.
no puedo, son demasiado esotéricos para sus asuntos.
hablas como un estúpido.
muchas gracias a ti también.
se fue, con las bolsas de la compra y su gata detrás de ella, por las escaleras hasta la pieza en donde, la mayoría de las noches, compartíamos la cama. Seguí leyendo mi artículo sobre una mujer maorí y sus bailes haka, prohibidos en su cultura por el machismo.
sus pasos sobre la madera hacían crujir toda la casa, y pronto percibí un suave llanto ahogado en las almohadas.
¿puedo pasar?
...
no quise ofenderte, perdóname.
no es eso - logró decir entré sollozos -, es que la gata quebró el florero que tu mamá te había regalado.
pero, ¿por eso estabas llorando? ¿por un florero roto?
¿no te das cuenta que era lo último que nos quedaba de nosotros?
amanda elisa
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