lunes, 30 de marzo de 2009

El octosílabo

Palabras escritas en tu piel, frases premeditadas, no sabemos qué hacer con este tiempo que se quema en las manos, con esos minutos enredados en tu pelo. Pienso correr y descargar, lo poco y demasiado que está quedando debajo de mis uñas. Estos párpados cansados de mirar, de contemplar un mundo que no fue hecho para estar, más de un momento, en el mismo lugar.
Cambié mi forma de pensar, dirigida ahora hacia ti, y es difícil crear con el teclado pegado a mis dedos, quisiera la rima salir de aquí, y mi sangre chilena vuelve a surgir, porque son éstas las rimas que debería hacer, pero me niego a esquematizarme, y menos en el único lugar dónde solo yo podía llegar, hasta que interrumpiste tu, ustedes, pero yo los dejé entrar, les dije que por favor vinieran, pero mancharon el suelo, rasgaron la pared, y ahora yo limpio lugares que no volverán a ser como yo los creé.
Siento esta obligación, y esta pasión que me quema las venas, y me hace enloquecerme y cegarme con las palabras, que al leerlas de nuevo no recuerdo que las hice yo, y me da miedo y me excita saber cuán hermoso puede ser esta creación tan tierna que nace en mí.



Me abro para la vulnerabilidad, y concreto lo que pienso y siento
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