el vaso encima del velador, el aliento caliente de él sobre su hombro, el aroma alcohólico flotando sobre la colcha donde se reposaban si decirle al mundo sus dudas y secretos, hablando de la política existencial del mandala (del qué?).
Sabíamos exactamente donde nos habían dejado, y éramos dos, simplemente nosotros dos (él y yo, nosotros dos, pero yo, primeramente yo... ¿?), en una plaza donde todos corrían y gritaban, nosotros dos ambos dos los dos caminábamos con rumbo determinado y descansado, nos fuimos de la plaza, el sol brillaba sutilmente.
La noche fatigaba los corazones, el pie fuera del alcance mínimo de la sábana, la polera pegada a la piel juntándose con el sudor, los movimientos aceleraban la sangre aceleraban la temperatura aceleraban el ahogo. Tomarse de las manos, un beso, separarse demasiado calor. Se levantó y lo vi como prendía la luz del baño y se mojaba la cabeza, volvió y me besó la mejilla, le beso la mejilla, él hombre le besó la mejilla a la mujer, a ella, a la chica, a mi; nosotras.
amanda elisa astorga pinto
No hay comentarios:
Publicar un comentario